2009
11.24

Noviembre 09. Berlín.

Tras una semana de descanso (o de paliza) en Berlín, vuelvo a la rutina. Vuelvo al blog.

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La ciudad me ha encantado. Y no sólo por la Berliner Pilsner de medio litro a euro y medio. El tamaño de la ciudad, la diversidad (y la integración), su arquitectura y, por supuesto, su historia te atrapa.

Nos alojamos al lado de Karl Marx Allee. Paseamos, anduvimos, caminamos y en algún momento levantamos la vista para ojear el Berlín por encima de nuestros 179 centímetros. El tema consumismo, moda, recuerdos, detalles cuajó a partir del tercer día donde en un mercadillo de Prenzlauer Berg encontramos un bolso guapísimo!! El más bonito del mundo entero [como nadie lo va a ver, nadie puede decir lo contrario]. Lo compramos por 20 euros. Casualmente, ya por Kreuzberg, encontramos una tienda que tenía la mitad de su material [aprecien la diferencia entre las palabras productos y material] en la calle; la mitad, en el interior. El garito ni siquiera tenía antigüedades. Es la típica tienda en proceso de antigüedad. Planchas de los 90, las mesas del Ikea cascadas. Y pasábamos de largo, pero un bolso de pseudocuero, me hizo pensármelo dos veces. Le pregunté al tipo. –Was kostet? –Zwei euro. Dos eurooos??? A la saca. Por supuesto, rebuscamos. Y encontramos otro bolso muy digno por otros dos provechosos euros. Eran las cinco de la tarde y faltaban unas cuantas horas para volver a casa a dejar nuestros trofeos. Así que inventé una Matrioska de bolsos.

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Ahí iba yo. Más chulo que nadie. Con mis tres bolsos más mi bolso útil cerramos la tarde. Subimos al autobús nº 100, camino de una buena cervecería. Compartíamos la parte delantera de un bus de dos plantas con un tipo bastante insulso. –¡Oye, que es aquí que es aquí! Nos bajamos sí, nos bajamos no. Nos bajamos. No. Sí. Sí. Definitivamente, sí. Avanzamos, orientándonos y recordando dónde podríamos encontrar un buen garito. ¿Pero mis bolsos? ¡Mierda! Mis putos bolsos. Los bolsos se me habían olvidado. Eso estaba claro. Yo, tonto; pero ¿y el tipo? ¿el miserable que vio cómo dudábamos durante segundos y no avisó?

Hay que ser cutre. Hay que ser ruin para no avisar en un bus de que se te olvida algo. La gente habla del respeto al coche. ¿El coche? ¡El coche es una mierda comparado con el bolso de uno! ¡Abrir un bolso! Qué roñoso. Ojalá le hubiese pillado abriéndolo. Y no por verle la cara de sorpresa al encontrar un bolso dentro. Ni siquiera por ver que, por segunda vez, dentro del bolso hay otro bolso. O mejor todavía, ojalá hubiese sido el bolso de un veterinario y estuviese lleno de excrementos. Valiente mamón.

Y retomo, cito a Vincent Vega y cierro. Ojalá le hubiese pillado abriéndolo. Sólo por eso hubiese merecido la pena que lo hiciera.

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