La policía acompañó a Mufasa al furgón y Juan Pedro se quedó en la puerta de la finca viendo cómo se llevaban a su mejor empleado. Que no le pagaba, que no tenía horarios, que ni siquiera le permitía salir de casa, decían. Estaba claro que no tenían ni puta idea de lo que exige el campo.

Sin Mufasa, ya no podía recoger los espárragos. Trabajaba como nadie. Era responsable en cada tarea que le ordenaba, y perseverante cada una de las trece horas que trabajaba al día. Por eso, y un poco por su precio también, Juan Pedro le tenía en tanta estima.
Recordaba perfectamente cuando lo sacó del juego. Debía dinero. Mucho dinero: mil doscientos euros. Más del que nunca conseguiría trabajando. Quizá por eso Mufasa era tan agradecido. Juan Pedro decidió pagar su deuda, y para que no corriera más peligro ni tentaciones se lo llevó a casa.

Juan Pedro le explicaba esto a la policía, en su casa y en la comisaría. Pero que no les contase historias, que se las guardase para el juez. Un juicio. Con todo lo que eso suponía. Y Mufasa sin poder contar su versión, porque el pobrecillo no sabía español. Vaya gracia.
Para el juicio, Juan Pedro contrató a un abogado muy serio. O al menos llevaba un traje muy caro. Y le libró de la cárcel. Eso sí. Pero no consiguió recuperar a Mufasa. Y los espárragos estaban a punto.

La gente le decía que lo contratara. Pero cómo lo iba a contratar, si era como de la familia. Está muy feo mezclar familia con negocios. Para eso contrataba a cualquier otro y se dejaba de líos. No era una cuestión de dinero.

Total que Mufasa se quedó en la calle. Bueno, en la calle no. En una casa de acogida, y tenían pensado que estudiase español y todo, para que pudiese elegir su trabajo.

Por fin Mufasa podía hacer lo que quisiera con su vida. Y quizá por eso, o porque ya no sabía hacer otra cosa, dos días después del juicio, Mufasa llamó a la puerta de Juan Pedro. Pero para entonces Juan Pedro estaba lo suficientemente enfadado con Mufasa como para no recibirle. Así que fue Marisa, su sirvienta, la que le abrió la puerta y le dio los guantes y el cubo para recoger los espárragos.